Las desventajas lingüísticas del liberalismo

Marcos Falcone explica que la manipulación del lenguaje no es un proceso neutral; a menudo es el resultado de esfuerzos deliberados por parte de grupos políticos para imponer sus ideas en el discurso público.

Disadvantages of Liberalism

(Foto: elcato.org)

Las palabras utilizadas en los debates públicos determinan el resultado de los mismos. En el discurso político, el lenguaje desempeña un papel fundamental a la hora de transmitir ideas, moldear percepciones e incluso determinar la opinión pública. En el siglo XXI, a pesar de los éxitos del liberalismo en la expansión de la libertad y la reducción de la pobreza, las ideas liberales siguen siendo impopulares en muchas partes del mundo. Esto sugiere que el problema puede no estar en las ideas en sí mismas, sino en la forma en que se comunican.

El lenguaje es una herramienta poderosa para moldear el pensamiento. Sin embargo, la rápida evolución de los debates políticos puede ocultar la importancia de la terminología, y las palabras que parecen neutrales pueden tener diferentes significados dependiendo del orador y la audiencia. Esta variabilidad en la interpretación convierte al lenguaje en un campo de batalla esencial para las ideologías políticas, incluido el liberalismo.

Conceptos problemáticos: «libertad», «democracia» y «derechos»

Un ejemplo claro de los problemas lingüísticos a los que se enfrentan los liberales es la evolución del significado del término «libertad». Los liberales clásicos como John Locke y Adam Smith consideraban la libertad como la ausencia de coacción, lo que Isaiah Berlin denominó «libertad negativa». Sin embargo, los defensores de la «libertad positiva», como Jean-Jacques Rousseau, sostienen que la verdadera libertad requiere una acción colectiva, a veces a expensas de las libertades individuales. Este cambio de significado ha sido explotado por quienes se oponen al liberalismo, lo que ha llevado a una confusión sobre la verdadera naturaleza de la libertad.

El concepto de «democracia» también se ha distorsionado en las últimas décadas. Originalmente, la democracia se refería a un método de gobierno por mayoría diseñado para proteger los derechos individuales. Sin embargo, los movimientos colectivistas han redefinido la democracia para justificar la intervención del gobierno en casi todos los aspectos de la vida pública, lo que ha dado lugar a términos como «democracia industrial» (que Ludwig von Mises recuerda en su obra Human Action), que implican el control estatal sobre las empresas privadas. Esta redefinición ha creado confusión sobre lo que debería ser la democracia, debilitando así su conexión con la libertad individual.

Del mismo modo, el concepto de «derechos» ha pasado de tener una interpretación negativa —libertad frente a la injerencia— a una positiva, según la cual los derechos exigen que el Estado proporcione bienes y servicios. Por ejemplo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos incluye el «derecho a un nivel de vida adecuado», lo que implica que las personas tienen derecho a que otros les proporcionen vivienda, alimentación y asistencia sanitaria. Este cambio contradice la visión liberal de los derechos como protección contra la coacción y promueve una visión que los considera garantías de bienes materiales.

La manipulación del lenguaje no es un proceso neutral; a menudo es el resultado de esfuerzos deliberados por parte de grupos políticos para imponer sus ideas en el discurso público. Como han señalado Hayek, Leoni y Mises, los colectivistas han distorsionado constantemente el lenguaje para hacer que las ideas autoritarias parezcan compatibles con la libertad. Hoy en día, se utilizan las mismas tácticas para justificar políticas que restringen las libertades individuales en nombre de la democracia o la justicia social.

Entonces, ¿qué pueden hacer los liberales?

Para contrarrestar estas manipulaciones, los liberales deben desarrollar estrategias para recuperar los significados originales de los conceptos filosóficos clave y crear un nuevo lenguaje que transmita mejor las ideas liberales. Un enfoque consiste en rechazar los términos y conceptos que han sido apropiados por los colectivistas, como «justicia social» o «estado del bienestar». Estos términos deben redefinirse de manera que se destaque la naturaleza coercitiva de las políticas que describen. No puede haber justicia social ni estados del bienestar que no se basen en una redistribución implícitamente violenta de la riqueza material. Pero si los liberales dan por sentados los conceptos colectivistas, comienzan los debates en desventaja. Deben exponer el verdadero significado de las palabras si quieren tener alguna oportunidad.

Al mismo tiempo, los liberales deben trabajar para promover conceptualizaciones positivas de la libertad. Debe defenderse la idea de libertad para mostrar que la verdadera libertad es la ausencia de coacción, no la redistribución de la riqueza o la imposición de la voluntad colectiva. Los liberales también deben crear un nuevo lenguaje «favorable a los liberales» para que sus ideas sean más accesibles y persuasivas para el público. Conceptos como el «derecho al trabajo» en inglés, por ejemplo, deben incorporarse al español y a otros idiomas, ya que enmarcan el debate sobre los derechos laborales de una manera que enfatiza la libertad individual y la capacidad de contratar libremente.

Reformulando el lenguaje para el liberalismo

El panorama lingüístico actual está sesgado en contra del liberalismo, pero esto puede cambiarse. Al rechazar las trampas del lenguaje colectivista, reivindicar los significados liberales clásicos de conceptos clave y crear un nuevo lenguaje que refleje con precisión las ideas liberales, los liberales pueden nivelar el campo de juego en los debates públicos. Este esfuerzo es esencial no solo para la supervivencia del liberalismo, sino también para la preservación de la libertad individual frente a la creciente intervención estatal.

La manipulación del lenguaje ha sido durante mucho tiempo una herramienta tanto de los regímenes autoritarios como de las administraciones intervencionistas, y los liberales deben estar atentos a la hora de defender los significados de las palabras que son fundamentales para su filosofía. De este modo, pueden contribuir a garantizar que los principios de la libertad sigan siendo fundamentales en el discurso político, incluso en un mundo en el que la manipulación lingüística es cada vez más habitual.

Marcos Falcone es director de proyectos de la Fundación Libertad y colaborador habitual de Forbes Argentina. Sus artículos también han aparecido en The Washington Post, National Review y Reason, entre otros. Reside en Buenos Aires, Argentina.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Econlib.

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