Por un sector privado… privatizado

Recordando a Joe Overton, 20 años después de su muerte.

Por un sector privado

Suministrada

Si existe una paradoja monumental en Puerto Rico es la conducta de empresas que se manifiestan indefensas de poder ejercer su creación de plusvalía y contribución al País ante la ausencia de auspicios económicos directos del sector gubernamental. Esto se incrementó a niveles significativos luego de la quiebra de nuestro gobierno.

Esto nos lleva a una reflexión profunda.

Nos sugiere que dichas organizaciones no existirían, o no serían capaces de competir en nuestro ecosistema empresarial, sin este subsidio gubernamental. No estoy hablando de incentivos a la productividad, que nos permiten estimular la inversión foránea y local privada. No es la atracción de capital extranjero derramado en nuestra economía por el ambiente atractivo que debe crear el sector gubernamental.

La medida fue respaldada por unanimidad en la comisión que la vio, o sea, por todas las delegaciones políticas presentes.

Hablo de subsidios a la ineficiencia corporativa. De cómo claudicamos a promover la libertad económica, el capitalismo con rostro humano, a cambio de los auspicios del gobierno a la gestión privada.

No olvidemos que auspicios gubernamentales derramados en empresas ineficientes privadas son un disloque de recursos que debieron ser canalizados a una mejor educación, mejores carreteras, un mejor servicio energético, o simplemente MENOS IMPUESTOS CONFISCATORIOS a nuestros ciudadanos.

Mucho luchamos desde el sector privado por la disminución urgente de la alta intervención y regulación gubernamental a los procesos productivos del País. Esto es lo justo y necesario.

Es por esta lucha encarnizada que nos manifestamos incansablemente por un mejor sistema contributivo. Luchamos contra la perpetuidad del desperdicio en el gasto público justificado por el recaudo excesivo de impuestos. Batallamos por mejores carreteras e infraestructura gubernamental construida con los millones de recaudos generados confiscatoriamente a las familias y a las empresas. Incansablemente reclamamos un mejor sistema energético, por el cual incurrimos en una enorme deuda. Deuda de la cual aún desconocemos cuánto estaremos obligados a pagar a perpetuidad. Incertidumbre que nos asfixia.

Estas empresas “privadas” que dependen al 100% del subsidio público, con sus acciones, nos derrotan en la aspiración a menos gobierno. Justifican sus acciones a que se mantenga la intervención gubernamental, y en que se incrementen regulaciones gubernamentales ante la triste realidad de un monopolio público convertido en oligopolio disfuncional cuasi privado.

Sin embargo, podemos mencionar incansables ejemplos de cómo el sector privado ha hecho lo correcto por nuestra economía y cómo se debe auspiciar. Hemos demostrado que tener una economía planificada central y altamente intervenida, ha fracasado.

Veamos.

El haber vendido los activos de la Telefónica de Puerto Rico nos permitió escapar de la obsolescencia tecnológica de los servicios de telefonía en líneas físicas terrestres. El huracán María demolió dicha infraestructura. Hoy disfrutamos de libre competencia y condiciones de mercado en la telefonía digital, celular, de avanzada. Pudo haber sido $2,000 millones el recaudo total. Sin embargo, la oposición a la privatización nos costó $1,000 millones que se reasignaron a la educación del País.

El haber desechado la intervención gubernamental, como la del “Súper Almacén”, fue lo correcto.

El haber vendido las Navieras de Puerto Rico, otra medida que fracasó, fue lo correcto.

También tenemos muy buenos ejemplos de cómo el gobierno ha tomado un serio problema de la ciudadanía y, con la ayuda efectiva del sector privado, lo ha resuelto o disminuido dramáticamente.

¿Ejemplo? El sistema CESCO digital es un logro significativo de lo que el sistema gubernamental, cuando recibe apoyo de los expertos del sector privado, ejecuta correctamente.

Lamentablemente, también tenemos ejemplo de cómo el intento de privatización se ejecutó incorrectamente. Privatización mal implementada es el peor de los escenarios. Jamás olvidarlo y evitar repetirlo.

Concluyamos entonces: la privatización, o medidas neoliberales, estas iniciativas capitalistas del Siglo XXI, pueden bien resolver las inconsistencias económicas que enfrentamos en Puerto Rico. Tenemos la obligación de compenetrarnos con aquellos que pueden atender, sensible y empáticamente, nuestras necesidades de país.

Somos un país luchando por sobrepasar una quiebra que resulta impagable. Específicamente, en el caso de la quiebra de la Autoridad de Energía Eléctrica, si no se maneja el tema de forma adecuada, el colapso nacional será total.

Nos resulta justo y necesario luchar por el país que soñamos. Y esto solo lo lograremos cuando el sector privado esté totalmente privatizado.

Este artículo fue publicado originalmente en El Vocero.

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