2 de septiembre, 20222:38 PM

Fisiatra boricua: llevo dos años y no puedo más

¿Cómo uno puede despedirse de su familia, de su hogar, de su isla, por segunda vez?

No existe un libreto a seguir. La realidad de volver a Puerto Rico como médico subespecialista para tener que irse de nuevo después de dos años talla un agujero grande en el corazón.

Mi historia es una que ya han escuchado muchas veces, pero de otras bocas, y de otros profesionales. Yo soy nacida y criada en Puerto Rico. Hice mis estudios de bachillerato y medicina en el sistema de la Universidad de Puerto Rico y después mi especialidad de Fisiatría en el Hospital de Veteranos de San Juan. Tuve la oportunidad de hacer dos años adicionales de subespecialidad en medicina neuromuscular e investigación clínica en distrofia muscular, en UCLA y en Johns Hopkins, respectivamente. Y después de 14 años consecutivos de estudios y experiencia clínica, decidí́ continuar mi carrera académica y mi práctica de fisiatría neuromuscular en distintas escuelas de medicina de los Estados Unidos.

Mi situación es solo un síntoma de un sistema de salud enfermizo, que no está́ preparado para ayudar ni a los profesionales de la salud ni a los pacientes, escribe Elba Gerena.

No obstante, siempre tuve la intención de volver a mi isla, para poder brindar mis servicios como fisiatra neuromuscular al pueblo puertorriqueño. Y fue así, que, en el 2020, durante la fase más retadora de la pandemia de COVID-19, mi esposo, mi hija y yo, nos mudamos de Miami, Florida, a Ponce, Puerto Rico.

Es difícil resumir mi experiencia en estos últimos dos años tratando de navegar el sistema de salud de la isla. He encontrado un sinnúmero de barreras para poder establecer mi práctica como médico subespecialista y poder ejercer mi profesión con dignidad y excelencia. No existen guías para sobrepasar todos los obstáculos que se te presentan. Y más aún, es decepcionante cuando uno sabe que ha cumplido con todos los requisitos exigidos para poder abrir una práctica privada exitosa y no ver respuesta alguna de las agencias locales y estatales que tienen la potestad de ayudar en este proceso. Entre la dificultad y el tiempo que tomó en reactivar mi licencia médica de Puerto Rico, obtener todas las otras licencias pertinentes para la práctica, y conseguir y negociar los contratos con las aseguradoras, pasaron dos años sin yo poder ver un centavo en ganancias.

A comparación, mi experiencia en los distintos estados en que he trabajado en los Estados Unidos, al cabo de 2-3 meses, yo tenía mis licencias de médico y los contratos con las aseguradoras y podía empezar a trabajar como médico subespecialista en el estado correspondiente.

Tengo que destacar que durante todo este arduo camino tuve una buena experiencia, y fue la oportunidad de trabajar con el equipo de profesionales de SER de Puerto Rico. En la clínica de SER de Ponce logré brindar mis servicios a la población pediátrica y adulta del área central y sur de la isla. Pero este trabajo no era a tiempo completo, sino un tiempo que sacaba de mi semana para ayudar a la población más necesitada de la isla.

Finalizo esta columna con mencionar que por más preparación mental y económica que tuve previo a volver a la isla, después de dos años de luchar diariamente con un sistema quebrantado, he tenido que tomar la decisión de volver a los Estados Unidos. Mi situación es solo un síntoma de un sistema de salud enfermizo, que no está́ preparado para ayudar ni a los profesionales de la salud ni a los pacientes. Al final de cuentas, el pueblo puertorriqueño es el que tiene que decidir si este es el sistema que quieren continuar apoyando o si escucharán a todas las voces que les han advertido que el sistema está en decaída. Yo me despido de mi isla con dolor en el alma, sabiendo que mi futuro cercano estará́ en otra tierra lejos de aquí́.

Esta pieza fue originalmente publicada en El Nuevo Dia.


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